Santa Coloma Gramanet




Con un pasado que nos sitúa en el neolítico medio como punto de partida, Santa Coloma y su territorio ha sido testigo de civilizaciones y culturas muy diversas. Desde el siglo VI hasta el inicio del II aC, la cumbre del Puig Castellar fue un emplazamiento privilegiado para un poblado ibérico que, por su ubicación defensiva y muy comunicada, hace pensar que fue de los más importantes.

En los alrededores del siglo I aC, los romanos llegaron a la zona y con ellos la aparición de vilas o casas de labrador romanas, establecimientos rurales que se caracterizaban por su autosuficiencia económica. Son pocos los hallazgos de este periodo en Santa Coloma, pero suficientes para afirmar que algunas de ellas posiblemente dependían de Baetulo (Badalona).
En el siglo XI, el término contaba con una población de unos 30 hogares, equivalentes a unas 135 personas. La ciudad era entonces una parroquia donde se desarrollaba la vida cotidiana de las comunidades labradoras y donde la iglesia era su centro. En esta época se construyó el único edificio románico de la comarca que ha llegado íntegro a nuestros días, la Torre Balldovina.
Después de épocas económicas de prosperidad y crisis, Santa Coloma, llegó al siglo XVI con un cierto enriquecimiento que se reflejó con la construcción o reforma de algunas masías, como la desaparecida masía Marí, masía Castellar o Torre Pallaresa.

El crecimiento agrícola y demográfico del siglo XVIII hizo que Santa Coloma desarrollara la explotación de la viña, cultivos de secano y cultivos de regadío, a ambos lados del río Besòs, y que tuviera 731 habitantes el 1786. De nuevo, los cortijos de Can Zam, Can Calvet, Can Dordal, Can Selva o Can Mariner, entre otros, fueron construcciones de la época.

La inestabilidad política, los desastres naturales, las epidemias y las guerras, sobre todo la del Francés, hicieron que la recuperación económica y demográfica fue lenta. Hasta mediados siglo XIX no se recuperó la población de finales del XVI y fue entonces cuando Santa Paloma recibió los primeros inicios de industrialización, fundamentalmente de tejidos y pieles. A finales de siglo, recibe los primeros inmigrantes de fuera de Cataluña, provenientes de Teruel, atraídos por la Exposición Universal de 1888.
En la década 1910-1920 se produjeronen Santa Coloma tres hechos que marcaron urbanísticamente el futuro del pueblo: la edificación de la nueva iglesia parroquial, la Iglesia Mayor; la construcción del primer puente sobre el río Besòs, abriendo nuevas vías de comunicación; y la creación de la Empresa Nacional de Tierras, con la cual se inició la urbanización de la zona de montaña bajo la filosofía de la caseta y el huertecillo La población continuó creciente por la afluencia de inmigrantes atraídos ahora por la expansión económica que originó el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y las obras de la Exposición Internacional de 1929 y del metro de Barcelona.

Todos estos acontecimientos provocaron que Santa Coloma pasara de tener 2.728 habitantes en 1920 a tener 12.930 el 1930. Este hecho originó la configuración de los primeros barrios suburbiales y la generalización del fenómeno de la autoconstrucción. Después de la Guerra Civil, el proceso de urbanización se paró y los cambio dentro de la estructura del pueblo eran irrelevantes, sacado del caso de las Casas Baratas que en 1945 fueron anexionadas en Barcelona, hecho que supuso la pérdida de habitantes y de una importante zona industrial y de regadío.

El nuevo proceso de crecimiento de la ciudad llegó durante las décadas de los años 50 y 70. El 1975, Santa Coloma tenía 137.000 habitantes, ciudadanos que llegaban principalmente del sur de España. Su estructura de pueblo quedó así alterada, configurada a lo largo de los años entre el torrente de Can Zam y la riera del Fondo, y se amplió más allá de estos límites de una manera desestructurada hasta ocupar casi la totalidad del término.

Actualmente, Santa Coloma continúa viviendo un proceso de cambio con una mejora de calles, plazas, parques, como por ejemplo el parque Europa, el de la Bastadia o el de Can Zam, y de sus equipamientos.





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